Hoy es un día agridulce para este país, con una "escenificación" del final de ETA. Un final, oficial, pero que no hace justicia a las víctimas, a sus familias y a la sociedad de este país. ETA mató a 849 hombres y mujeres: jueces, guardias, policías, trabajadores, concejales, ex-ministros, funcionarios, ingenieros, militares, niños, terroristas arrepentidos chóferes,....rompieron el futuro a miles de familiares y amigos. Aun así el grupo terrorista no ha pedido perdón por el daño causado.
Han sido cientos y cientos los extorsionados, decenas los secuestrados mantenidos en condiciones infrahumanas y todo un país viviendo en el miedo . Muchos colectivos tenían que pasar todas las mañanas por el ritual de mirar debajo del coche para no tener un bulto extraño, contar con escolta o cambiar de placas de matrícula cada semana.
No puede haber justicia, mientras uno de cada tres asesinatos de ETA no este esclarecido y se sepa quiénes fueron sus autores.
Que se haya llegado a "este fin" no significa que no mantengamos la memoria y contemos a las nuevas generaciones quienes fueron los asesinos de ETA, que quisieron y no pudieron doblegar la voluntad de un país y de una sociedad. Quisieron nacer como combatientes de una dictadura, cuando lo que pretendían era crear otra.
Debemos estar orgullosos de España, que supo hacer frente al último grupo terrorista de Europa, a esos familiares que nunca quisieron tomarse la justicia por su mano, a aquellos que en los primeros años asistían a los funerales de guardias a escondidas, a aquellos concejales que jugándose la vida formaban parte de los Ayuntamientos por el PSC o el PP luchando en una "limpieza ideológica".
Hoy no podemos estar contentos, pues el daño ha sido enorme y para ningún fin. El tiempo juzgará a quienes apoyaron esta barbaridad y a aquellos entornos en el nacionalismo vasco y la iglesia, que cobardemente alentaron la creación de ETA.

 

 

 

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