Mejora de nuestra relación con el medio ambiente y el impacto que ejercemos sobre él: Vivir en municipios o pueblos facilita que tengamos a nuestro alcance todos los recursos necesarios para desarrollar nuestra vida. Esto incluye los desplazamientos, ya que al acortarse las distancias podemos ir caminando hasta nuestro puesto de trabajo o incluso, hacerlo desde casa, con los beneficios que supone para el medio ambiente al reducir las emisiones de CO2. En contraste con un entorno urbano, a menudo perjudicado por la polución, nos hará valorar más la calidad del aire de estas zonas e incluso introducir medidas de sostenibilidad como puede ser el uso de energías renovables, como la fotovoltaica, y convertir nuestro hogar en un lugar ecoeficiente.
Restablecimiento de un nuevo modelo laboral y social: En los pequeños municipios se consume lo que se necesita y el concepto de vecindad está mucho más arraigado que en los núcleos urbanos, donde suele imperar el anonimato, el individualismo y el consumismo. La economía colaborativa y sostenible prolifera en el campo, y por eso prosperan de forma natural iniciativas como la creación de asociaciones o el llamado “banco del tiempo” una idea que se aplica en las comunidades de vecinos buscando el intercambio de servicios, conocimientos y cuidados medidos por tiempo en lugar de por dinero.
Oportunidad de trabajo y desarrollo de iniciativas emprendedoras: La carencia de muchos perfiles profesionales digitalizados en nuestros pueblos y “la mejora de Internet provocará que, en los próximos años, casi cualquier modelo de negocio pueda desarrollar su actividad desde un pueblo de la geografía española”, señala Juanjo Manzano de Alma Natura. De hecho, esta asociación está ultimando el proyecto HolaPueblo basado en una comunidad virtual que busca la repoblación de municipios gracias al cambio de vida de emprendedores neorurales que desean vivir y trabajar en entornos rurales.
Mejora de la calidad de tiempo y de nuestra salud: La reducción de desplazamientos al trabajo, al colegio y otras gestiones permiten disponer de mayor cantidad de tiempo para hacer otras actividades que repercutan de manera positiva en la comunidad, en el medio ambiente y en nuestra salud física y mental. “Desde que he vuelto a esta vida más sosegada y tranquila me siento una privilegiada. He logrado cambiar el estrés y la vorágine de la ciudad por otro escenario que me ha permitido reconectarme física y mentalmente. Eso sin mencionar el cambio de alimentación, con productos más orgánicos y de cercanía”,

 

 

 

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